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Cuando vuelva Porfirio Díaz

Julián Andrade

La historia es un material sensible. En Oaxaca quieren el retorno de los restos de Porfirio Díaz. Lo está promoviendo una comisión especial.

Es un tema pendiente, pero tiene implicaciones en la forma y en el fondo.

El general Díaz fue presidente de México, pero se convirtió en un dictador. En oposición a él fue que inició el movimiento de Francisco I. Madero exigiendo “sufragio efectivo, no reelección”.

Pero no sólo eso, uno de los resortes de la revuelta, surgió por las pésimas condiciones que imperaban en el campo, con el poder de los terratenientes, las tiendas de raya y la ausencia de justicia.

Los periodistas independientes tenían que andar a salto de mata, porque la crítica no era bien vista y cualquier falta se castigaba con energía.

El periodo de Díaz tuvo claroscuros, pero nuestro sistema político proviene del maderismo y de las distintas corrientes revolucionarias.

Y aún más: el carácter social de las leyes y la propia Constitución es heredero de los anhelos de quienes tomaron las armas en contra de un régimen autoritario.

El debate en la actualidad radica en cómo retornar los restos y qué tipo de homenaje deben recibir. En primer lugar la familia de Díaz tiene todo el derecho de hacerlo. Su ancestro es una de las figuras clave de nuestro pasado.

Algunos sostienen que tendría que ser un recibimiento de Estado. Carlos Tello le dijo a Milenio:

La directora del IHRM, Patricia Galeana, sostiene, en cambio, que eso no es posible porque se trata de un dictador.

Me parece que la doctora Galeana tiene razón. El revisionismo histórico debe servir para comprender el pasado en toda su extensión, pero no para iniciar una suerte de arrepentimiento colectivo.

La Revolución Mexicana tuvo un alto significado en nuestro proceso histórico. Esto suele olvidarse porque empezó, desde hace décadas, un proceso que le quita intensidad al estudio y en el que ya no existen parámetros para valorar el pasado.

Tampoco se trata de no entender a Porfirio Díaz ni a la época en la que le tocó gobernar el país.

Su médico, Salvador Quevedo y Zubieta, en una de sus visitas a París, le preguntó al general cómo había hecho para conducir los destinos de su patria y durante décadas.

“Entendiendo que mis paisanos están locos”, contestó Díaz. La frase sirvió para un libro del propio Quevedo: México manicomio.


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*Esta columna se publica con el permiso del autor en este sitio. Su link en La Razón la encontrará en: http://razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=264464