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La CNTE, las marcas del desgaste

Julián Andrade

La CNTE, de nueva cuenta, inicia su jornada de protesta contra la Reforma Educativa.

Ahora lo hace en un contexto distinto  porque sus cálculos fallaron: quería descarrilar la elección y no pudo.

La quema de casillas y la violencia en Guerrero y Oaxaca sólo tuvieron efecto momentáneo, ya que las votaciones se realizaron con tranquilidad en la mayoría de los distritos de esas entidades y en el país mismo.

Tampoco le sirvió la victoria pírrica de la suspensión de las evaluaciones docentes, que por necesidad sería temporal, porque de otra forma se habría violado la Constitución, como señalaron diversas organizaciones civiles y de modo particular Mexicanos Primero.

Además, un juez ordenó que se continuara con lo establecido en la propia ley.

A estas alturas es claro que se trató de una estrategia para desinflar protestas y ganar espacio para una jornada de votaciones en paz (de ello escribí en “CNTE: el cerrillo o la audacia” http://bit.ly/1TbONYT ).

El problema, sin embargo, no sólo radica en el debate público, donde la Coordinadora no es nada fuerte, sino en el avance de sus grupos más radicales.

Hay una disputa soterrada por el control de la organización. Ahí también hay matices e intereses.

Por ejemplo, en Michoacán no hubo problemas mayores, porque tenían candidatos en diversas regiones. No comen lumbre.

En Oaxaca tienen un poder que se refleja, inclusive, en los órganos de gobierno y en particular en el Instituto de Educación.

Pero también existe un componente guerrillero importante, como de igual forma ocurre en Guerrero, donde la participación de esos grupos es evidente.

Hay lazos de relación e inclusive de inspiración, que vienen desde Lucio Cabañas y Genaro Vázquez hasta momentos clave como Aguas Blancas, El Charco o Ayotzinapa.

Estos vasos comunicantes son los que aceitan de algún modo al EPR y a otras expresiones que van cobrando, aunque sea bajo tierra, un rol delicado.

La coyuntura es importante, porque los argumentos y las exigencias de la CNTE están resultando cada día menos transitables e inclusive en corrientes que los han venido apoyando.

Es complejo sostener el apoyo social cuando no hay límite en las exigencias o ellas no embonan con otras de la sociedad.

Quizá el punto de quiebre esté en las próximas evaluaciones, cuando empiece a cristalizar una nueva generación de docentes, ajenos a intereses de grupo y que además no deberán a nadie su avance en los escalafones.

Será, eso sí, una guerra de resistencia, porque en la Coordinadora hay recursos y fuerza para prolongar marchas y plantones.


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*Esta columna se publica con el permiso del autor en este sitio. Su link en La Razón la encontrará en: http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=264589