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Carpizo y González Pérez hace 25 años

Julián Andrade

Quiso la vida que al cumplirse 25 años de la fundación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos le tocara a Luis Raúl González Pérez pronunciar el discurso para celebrar a una de las instituciones más importantes de la democracia mexicana.

Pero en la historia las casualidades tienen una explicación profunda. González Pérez fue uno de los colaboradores más destacados del fundador de la CNDH, el doctor Jorge Carpizo.

Ambos provienen de una corriente comprometida con el valor de la legalidad y la defensa de los derechos fundamentales.

En los años noventa los derechos humanos eran vistos, en algunos círculos, como una excentricidad, un lujo de naciones en desarrollo, y no una necesidad de la gobernabilidad.

Es probable que uno de los legados más acabados del doctor Carpizo sea pedagógico, al dotar a la sociedad del conocimiento suficiente para exigir seguridad sin cometer atropellos.

González Pérez conoce la institución que preside como pocos. Muchos de los momentos más relevantes de su carrera ocurrieron ahí y desde distintas posiciones.

Tiene el pulso de los cambios ocurridos en las últimas décadas, del paso de las emergencias por el delito de tortura, al desafío que la irrupción de los criminales genera en las áreas de seguridad en todo el país.

Sin embrago, no hay reposo: la construcción de una sociedad de derechos es de obstáculos y de relevos.

En 1990 se tuvieron que enfrentar enormes resistencias, las que provenían de poderes que se negaban a ser supervisados.

El doctor Carpizo marcó a la CNDH por su enorme compromiso y valentía y porque a la vez supo conformar un equipo que lo acompañó en una aventura audaz y en ese momento de inciertas consecuencias.

Allí estaba González Pérez desde que las oficinas se encontraban en una pequeña casa y dependían de la Secretaría de Gobernación, hasta ahora, donde los deberes constitucionales y la autonomía han dotado a la CNDH de una gran responsabilidad.

Le toca al actual ombudsman una ruta también cargada de retos. Lo está haciendo bien porque cuenta con la formación adecuada y porque tiene un indeclinable compromiso.

Los 25 años de historia son una gran responsabilidad —que se constató con la presencia de Mirelle Roccatti, Raúl Plascencia, Jorge Madrazo y José Luis Soberanes—, pero también puede servir de soporte para hacerse cargo de los problemas que hay que resolver de inmediato.

Recordando a Carpizo el ombudsman citó: “que todos juntos hagamos que la justicia brille y se fortalezca”.

*Esta columna se publica con el permiso del autor en este sitio. Su link en La Razón la encontrará en: http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=263793